LA INVESTIGACIÓN DOCENTE EN COLOMBIA


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 La investigación educativa y la investigación pedagógica Para encontrar la génesis de la investigación educativa hay que remitirse al nacimiento de la pedagogía como disciplina en el siglo XIX, es el carácter científico que adquiere lo que hace necesario investigar los aspectos relacionados con la utilización del método científico.  Al respecto, García (1975) relaciona la incorporación de dicho método al estudio de la educación, con la transferencia que se hace del mismo desde disciplinas afines como la medicina, la psicología y, especialmente, la sociología, al intentar desvelar cuestiones relacionadas con temas educativos. Esta visión de la investigación educativa está enraizada en el origen de lo que se denomina “ciencias de la educación”, pues la investigación educativa nace a la par de la sociología como ciencia; Comte (1984) se erige como fundador y sustenta la educación como un hecho social que debe ser atendido fuera de las particularidades de la misma escuela. 

En el mismo orden de ideas, Durkheim (1975) se  instituye  como  padre  de  la  sociología  de  la  educación,  con  la publicación  de  su  libro Educación y Sociología,  donde  realiza  una distinción entre lo que se debe investigar en educación y lo que se debe indagar en pedagogía, lo cual, en últimas terminó acarreando un  trasegar  sinuoso²    en  todo  el  siglo  XX  para  los  docentes  y para  la  investigación  en  educación,  apartando  la  pedagogía  y  la investigación educativa. Es   decir,   allí   se   encuentra   el   germen   de   la   dicotomía   entre investigación educativa e investigación pedagógica (investigación-intervención),    al    potenciar    unas    ciencias    llamadas    “de    la educación”,  que  poseen  un  carácter  científico  de  validez  para realizar investigaciones sobre los temas educativos y, en su mayoría, están interesadas por indagar aspectos macro sociológicos, lo que Stenhouse  llamó  “autoritarismo  cognitivista”,  mientras,  por  otro lado,  relegan  los  temas  micro,  y  al  aula  de  clase,  a  los  docentes  y a las investigaciones pedagógicas, teniendo éstas un espacio poco valorado en las comunidades científicas. 

Lo  anterior  resulta  de  vital  importancia  para  entender  la  historia de  la  investigación  educativa  y  su  enraizamiento  en  disciplinas de   las   ciencias   sociales   como   la   sociología,   la   psicología,   la antropología,  etc.,  debido  a  que  las  investigaciones  ostentaban una  mayor  credibilidad  desde  esas  voces,  mientras  los  análisis  y conclusiones obtenían un mayor carácter de validez; como afirma Becher (2001): “La ciencia ocupa un lugar central en la formación de imaginarios, incluso como tensiones teóricas en torno al estudio de la ciencia, eje rector de acciones, y con mayor fuerza cuando se trata  de  ciencias  que  son  llamadas  duras”  (citado  por  Rodríguez, 2016, p. 14). Esto quiere decir que las ciencias funcionan como constructos sociales y, así, están determinadas por intereses políticos, sociales y culturales que les dan su valor de legitimidad en momentos histórico-espaciales específicos.  En resumen, cuando se habla de ciencia debemos entender que: “El péndulo del conocimiento se balancea en distintas direcciones” (Rodríguez, 2016, p.  17), dependiendo del contexto en que nos encontremos y, para la pedagogía y los docentes de aula regular, el péndulo parece no estar de su lado. Es claro que dicho trasegar de la investigación educativa, con este origen particular, enraizamiento y desarrollo, no se produce simultáneamente en los distintos contextos, sino que ha dependido en gran cuantía de las condiciones sociopolíticas específicas de cada uno de los países y de sus propios espacios académicos. Así, en Colombia se comienza a tener interés en los temas que conciernen a la educación desde los años 60, especialmente en el ámbito de la investigación de disciplinas como la sociología, la psicología o la filosofía. Pero no es sino hasta los años 70, y particularmente los 80, con todo el andamiaje de lo que se ha denominado como la nueva pedagogía en Colombia” y los procesos de lucha sindical de los docentes de escuela -especialmente del sector público-, que se logra potenciar en el país la reflexión sobre los tópicos relacionados al ámbito educativo, específicamente en la escuela primaria y secundaria. 

Los análisis de la educación superior y la reflexión sobre estos aspectos tardarán un poco más en llegar a nuestro país. Lo anterior es retratado muy apropiadamente por Valencia (2000) cuando afirma: El    movimiento    pedagógico    organizado    por    la    Federación Colombiana de Educadores en 1982, que reunió a intelectuales y maestros alrededor de un proyecto político y cultural, marcó un hito en la lucha sindical del magisterio colombiano y se estructuró en dos planos: uno frente al Estado y otro hacia adentro, en el quehacer del maestro y de la escuela.  En el primer frente corresponde librar la batalla por la democracia y en el segundo recuperar la pedagogía como el saber propio del maestro. Se trata de  crear  una  opción  liberadora  en  el  ámbito  de  la  educación, especialmente  en  la  educación  pública,  y  recuperar  la  pedagogía como teoría del quehacer del maestro y de la escuela (p. 11).2.Es  importante  aclarar  que  Durkheim  fue  un  férreo  defensor  de  la pedagogía como ciencia, solo que, desde la visión de la presente reflexión, al desligar educación de pedagogía, sus postulados produjeron efectos no  deseados  por  el  propio  Durkheim,  propiciados  por  interpretaciones difusas de sus tesis. Sánchez Mojica1 John Fredy (Fecha de recepción: 1 de febrero de 2020 / Fecha de aprobación: 15 de mayo de 2020)


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